La Residencia acoge a las estudiantes de los 17 a los 25 años. Más allá, necesario consultarnos.
El clima de libertad que caracteriza la Residencia es fruto de la confianza mutua y del sentido de responsabilidad. Se trata a las jóvenes como personas adultas.
De acuerdo con esos principios, se les presta la llave de la puerta de la Residencia para todo el año, y eso para cualquier edad.
En la medida que cada jóven tiene sus propias exigencias, la Residencia es un verdadero lugar de paz, de serenidad y de amistad, donde cada una puede encontrar su propio ritmo de trabajo y, a su manera, un buen desarrollo personal.
Día a día, las personas de la Dirección y de los diferentes servicios prestan una atención particular a las necesidades de las jóvenes : tiempos de escucha, cuidados, calor humano…
Los encuentros festivos, los tiempos de reflexión o los intercambios informales, los carteles o mensajes, los testimonios de vida son otros tantos momentos que rompen la monotonía de cada día.
Para estas jóvenes que tienen la suerte de gozar de una vida social y comunitaria, este ambiente familiar les da también la posibilidad de vivir la independencia que facilita su propia madurez.
Según su convicción, hay en la Residencia un lugar de recogimiento. Las jóvenes que lo deseen pueden entrar en él para sus moments de silencio o de oración.
La Residencia colabora al desarrollo de la personalidad de la estudiante.
Este lugar de recogimiento está abierto a todas, cuales quiera que sean sus creyencias o sus convicciones religiosas.
Algunos de los muchos testimonios escritos y recogidos a lo largo de los años.